CARTA ABIERTA A MI AMOR PLATÓNICO

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Querido amor platónico,

primero que todo, quiero pedirte disculpas. El término amor platónico lo manoseé muchas veces sin entender el verdadero significado del concepto. Cuando era más niña pensaba que el amor sólo se daba en la reciprocidad y lo que no era mutuo era simplemente un capricho. Si alguien era muy inalcanzable y me parecía muy atractivo, se convertía en un amor platónico. Hoy creo que ese alguien solo tiene lo platónico por lo inalcanzable que era, pero le faltaba la componente del amor.

Hoy te veo a ti y la única forma de explicarme (o explicarte) lo que sentí es pensarte como mi amor platónico, ese amor imposible que se mira pero no se toca. Porque lo que llegué a sentir fue amor, pero amor del bueno. Sé que puedo vivir sin ti y no te dedicaría canciones cebollas. Mi mundo sigue teniendo sentido ahora que no hablamos a diario y me levanto cada mañana pensando en que hoy puede ser un gran día. Ese amor del bueno se traduce en todo lo que crecí contigo, en que nunca pensé que podías sacar tantas cosas buenas de mí (y te lo agradezco enormemente). Hasta ahora cualquiera pensaría que le estoy escribiendo una carta abierta a mi ex, pero entre nosotros no hubo besos, ni tomadas de mano ni promesas al mirar una puesta de sol abrazados. Aún así hubo mucho.

Alguna vez escuché a una niña de Schönstatt decir que La Mater le había enseñado a tocar guitarra. En ese momento lo encontré de un fanatismo tremendo y algo difícil de entender. Fue hace poco cuando le encontré sentido, cuando me di cuenta que tú me habías enseñado a escribir poemas. No hubo una clase de por medio, no hubo reglas de estrofas o figuras literarias, simplemente había un anhelo de comunicarme contigo de todas las formas posibles. Y no considero que sea mi fuerte, pero es algo que nunca imaginé de mí y debo reconocer que me gusta. La lírica es sólo un ejemplo, contigo aprendí mucho, incluso a quererme más.

Amor del bueno fue lo que sentí y siempre quise que sacaras lo mejor de ti. Si en algo ayudé, me alegro mucho. Te conocí como un hombre libre y así te quise. El problema fue que te quise tanto que ya no sabía qué hacer con eso. Te quise tanto y sabía que no era recíproco entonces me pareció que lo más simple era mantenerte engañado, restarte importancia y mirar a los otros peces del vasto mar. Te quise tanto que cuando decidí no quererte no sabía cómo actuar, y actué de la peor forma posible: disparando odio y haciendo daño. Sé que me odiaste por eso, sé que actué mal y te pido disculpas (aunque no las quieras).

Querido amor platónico, hoy te vi cuando entraste al salón y se me aceleró el pulso. Me puse nerviosa porque no quería que me notaras, no quería que notarás que te había notado al entrar y no quería que notaras lo nerviosa que estaba intentando parecer calmada y pasar desapercibida. Quizás igual lo notaste.

Querido amor platónico, te confieso que no sé cómo terminar esta carta. Los puntos finales nunca han sido mi especialidad….

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