Yo no entiendo por qué sigo aún con sostén [cuento]

“Yo no entiendo por qué sigo aún con sostén”, dijo ella entre risas. Él también rio. “La emoción po” le dijo mientras le hacía cariño en el pelo. Sonreían. En cuestión de segundos ella se quitó el sostén y volvieron a darse un beso mientras él acariciaba ese escote, ahora al fin descubierto. Y ahí estaban los dos, desnudos; mirándose y sonriéndose con complicidad. Como si fuera una más de tantas veces que se encontraban así, pero no. Como si hubiesen caído rendidos luego de una tremenda performance sexual, pero no.

3751149968Un par de horas antes, no se quitaban los ojos de encima en la celebración de cumpleaños de su amiga en común. Se acababan de conocer, pero cada talla que uno tiraba, el otro la celebraba y hacían un salud de aquellos, de esos con los que te comes con la mirada al que te hace el salud. Algunas personas conquistan con el baile, otros con la comida, ellos definitivamente se conquistaron con el humor. Se pasaron toda la noche así, hasta que los pilló la madrugada y ya no quedaban invitados. Hora de retirada, agradecer a la cumpleañera por la invitación y cada uno para su casa (o yo para la tuya, o tú para la mía, hagámosla piola porfa).

Y ahí estaban los dos, desnudos; mirándose y sonriéndose con complicidad. Minutos antes estaban fundidos en un mar de calentura, pero hay detalles que no se pueden obviar, la seguridad es lo primero y ninguno pensó que aquella noche sería SU noche. Poco visionarios. Tampoco iban a dejar que eso aguara su noche, mal que mal era SU noche (o su madrugada). Se abrazaban, se besaban, y se seguían comiendo con la mirada. Fue en ese momento que ella notó que seguía con sostén y lo mencionó. Ambos rieron. Se acariciaban con ternura y no dejaban de sonreírse, ahí, los dos, echados en pelota. “Me siento como post…” esbozó él y ella no lo dejó terminar “Sí! Yo también me siento así… igual rico o no?” “Sí… – respondió él – eso mismo te iba a decir, no sé si es bueno o malo, pero me gusta.”

Aún recostados, comenzaron a recordar las anécdotas de la noche anterior, así como también tallas personales de cada uno en distintos carretes, y entre tiernas sonrisas, se colaban fuertes carcajadas. Acordaron que se rieron más viendo el amanecer juntos, que celebrando el cumpleaños de su amiga, y eso era harto decir.

Quizás entregaron más de lo que solían entregar, porque no había nada que perder. Quizás se desnudaron más allá de simplemente estar en pelota, porque quizás sabían que esa era su noche y que no había otra. Sabían que al despedirse y cruzar la puerta cada uno volvía a sus compromisos y obligaciones. Porque aunque suene a comercial de la tele, la vida es ahora, y esa era la única cosa que ambos tenían clara.

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