CATÁLOGO DE CITAS #6.2: Manuel Montt

Al terminar nuestros vasos de sangría en Ramblas, me propuso que fuéramos a otro bar. Él quería conocer más de Manuel Montt. Me encantaba su entusiasmo y esa capacidad de asombro que la mayoría vamos perdiendo con él tiempo. Para él todo era nuevo y todo era bacán. Yo quería conocer más de su mundo, y quería que los dos nos llevásemos un buen recuerdo de esa noche, por lo que igual sentía una cierta responsabilidad en que todo saliera bien.

Salimos de Ramblas y empezamos a caminar sin un rumbo muy definido. No estaba muy segura de dónde llevarlo. Teclados era irse a la segura, pero el ya conocía el bar, probablemente el de Vitacura u otro de por allá arriba. Entramos a Pacto Arte Bar porque se veía bonito, pero la verdad es que el local estaba bien muerto así que salimos altiro. Ahí le confesé que no sabía a donde llevarlo, que Teclados o Barbazul eran lugares que el ya conocía y quería mostrarle algo nuevo. Él notó que yo me estaba estresando un poquito con esta situación y con una sola frase supo calmarme y sacarme una sonrisa: “Paula, tranquila, si lo he pasado tan bien hasta ahora ha sido en un 98% gracias a ti. Lo de los lugares es secundario, no quiero que te estreses por eso, vamos a donde sea.” Con eso sentí que me sacaba un peso de encima, aparte me encantó que ocupara un porcentaje tan exacto y tan alto para referirse a mí. Quise darle un beso pero me contuve, aún no era el momento, me faltaba algo más fuerte para agarrar más valentía. Solo sonreí y le dije “Gracias, vamos a Barbazul por unas piscolas entonces”.

 

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En Barbazul conversamos sobre las comidas más raras que habíamos comido en viajes, sobre música y sobre el futuro. Me preguntó si me gustaba la estabilidad. Wow! No era tan fácil como responder sí o no. Le dije que en el fondo algo de estabilidad igual me gustaba pero que, simulando estas típicas entrevistas donde te preguntas dónde te imaginas en 5 años más, no tendría idea qué responder y me gustaba eso, no tener un plan a largo plazo. “Yo sí sé dónde voy a estar en cinco años.” – me dijo con seguridad. Lo miré media incrédula porque no me calzaba esa respuesta con su espíritu tan libre, a lo que rápidamente terminó su frase: “Voy a estar viajando”. Le repliqué su respuesta argumentando que probablemente sabe que va a estar viajando, pero que lo más seguro es que no tenga idea de dónde. O que incluso podía ser que estuviera de vuelta en Chile, después de un largo viaje. Me dio la razón.

También hablamos sobre nuestro lado más tradicional: nuestras relaciones. Ambos ingenieros, daba la casualidad de que siempre habíamos salido con personas de carreras tradicionales también. Fue él quien me comentó esto primero, y enumeraba carreras como ingeniería, psicología y  derecho. En mi caso era aún peor; todas mis relaciones importantes habían sido con estudiantes de ingeniería o ingenieros. Sin embargo, desde que llegué a Santiago comenzó mi fascinación por músicos, diseñadores, etc.

– Nunca he tenido una relación con un músico, pero se ha vuelto como algo recurrente desde que llegué acá. Tiene su atractivo ese mundo que se ve tan distinto al mío. Pero por otro lado con los ingenieros de cierta manera comparto una forma de ver las cosas, de abordar problemas, de ambiciones en la vida. No digo que todos los ingenieros sean así ni que todos tengamos las mismas ambiciones o que el resto de las personas no las tenga, obvio que no todos somos iguales, pero creo que me entiendes.

-Te entiendo caleta Pau, sobre todo por el tema de las ambiciones, pero por qué no puede ser ambas cosas? No son excluyentes.

-Completamente de acuerdo, no son excluyentes, pero hablo sobre mi experiencia hasta ahora: o han sido ingenieros, o me han gustado músicos pero no ha pasado nada. Sería demasiado bacán que fuera ambas cosas.

La tensión en ese momento era demasiado rica. Él era ambas cosas y eso era demasiado bacán. Él tenía lo mejor de estos dos mundos que me encantaban y que en verdad no tenían por qué ser dos mundos; podían ser uno solo que incluyera la habilidad de tocar varios instrumentos, una sensibilidad por la música, una mente analítica y práctica, comentarios con exactos porcentajes, catorce tatuajes y la ambición de cumplir sus sueños dentro y fuera de Chile.

Conversar con él era super placentero, pero si hay algo que me causa tanto placer como una buena conversación es bailar con alguien que me guste y que más encima baile bien. Hasta ahora no tenía idea de cómo bailaba él, pero era momento de ponerlo a prueba. Estábamos literalmente al lado de Mito Urbano, así que fuimos a bailar para allá. Cuando estábamos en la entrada del local me dio un beso y lo correspondí con ganas. Valió la pena esperar desde que salimos de Ramblas. Valió la pena ese tímido beso cuneteado que nos dimos cuando nos saludamos ese día más temprano. Entramos al local y para mi alivio resultó ser un gran bailarín. O quizás era un bailarín promedio, pero la química entre nosotros actuó de catalizador e hizo que todo fuera perfecto.

 

 

 

 

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CATÁLOGO DE CITAS #6.1: La lista de Deseos

[ ] Lastarria – Bellas Artes

[X] Show de Stand Up Comedy

[ ] Parque Bicentenario en bici

[ ] Santiago centro

[ ] Barrio Italia

[X] Carretear en Manuel Montt

[ ] Tocata de banda chilena

[ ] Cerro Santa Lucía

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– Espera – me dijo – hay algo de esta lista que tú no hayas hecho? Hay algo que tú quieras hacer y que podamos agregar?

Le conté que nunca había ido al Cerro Santa Lucía, pese a haber pasado mil veces por ahí. Le sumamos además subir el San Cristóbal en teleférico. En ese momento llegaron nuestros vasos de sangría. Nos encontrábamos en la terraza de Ramblas, en Manuel Montt. Él estaba fascinado con él lugar; mientras que yo estaba fascinada con la energía que me transmitía.

– Hay otra cosa que tengo que hacer: ver una peli alternativa, algo así como cine arte. – agregó él.

– Algo así como cine europeo de ese que no llega a los cines normales? – pregunté, entendiendo rápidamente hacia dónde iba.

– Sí! Eso! Una peli francesa. Eso quiero ver. (Su entusiasmo llega a ser contagioso)

– Cacha que justo la próxima semana parte un ciclo de cine europeo en Matucana 100. Podríamos ir. De hecho, Matucana100 y Quinta Normal también deberían estar en tu lista.

– Yapo – me dijo convencido.

Agarré mi teléfono para buscar la información en Matucana100 y revisamos las películas y los horarios. Él insistía en que quería ver una francesa y el día viernes daban una pero ese día yo tenía un cumple así que no podía acompañarlo. Le dije que fuera con alguien más y me sorprendió cuando me respondió que no, que las cosas de la lista quería hacerlas conmigo. Hablaba en plural, tenemos que hacerlas juntos, y me acomodaba mucho porque su naturalidad no lo hacía sonar a pareja, sino que lo hacía sonar a equipo. Me gustó sentirme su partner.

– Alcanzaremos a hacer todas estas cosas antes de que me vaya?

– Obvio! Es cosa de que nos organicemos no más, si igual quedan como 3 o 4 meses.

Había que ser realista igual; en esos 3 o 4 meses podían pasar muchas cosas. Podía ser que yo me aburriera de él antes, o que él se aburriera de mí, o que simplemente todo el asunto se diluyera. Incluso podía pasar que nos cayéramos mal, después de todo, nos estábamos conociendo recién. Pero para qué darle tanta vuelta, mejor apostar a ganadora y vivir el día a día.

– Ya, si logramos hacer todas las cosas de la lista, te voy a comprar algo.- soltó.

Quedé super extrañada con eso. Se lo hice saber altiro. No era necesario que me comprara nada, yo no lo hacía por interés; lo hacía porque eran panoramas entretenidos, porque me gustaba Santiago y encontraba bacan poder mostrarle la ciudad; y porque con él, al menos hasta ahora, lo había pasado super bien. Rápidamente cachó que las había cagado y me pidió disculpas, que eligió pésimo las palabras.

– Sorry, si sé que no lo haces por eso; pero si logramos hacer todas las cosas de la lista, te quiero regalar algo. Te quiero hacer un regalo y ya sé qué regalarte.

Y bueno, quien soy yo para negarme. Le dije que bueno y cerramos ese momento con un salud. Al terminar nuestros vasos de sangría en Ramblas, me propuso que fuéramos a otro bar. Me encantaba su entusiasmo y esa capacidad de asombro que la mayoría vamos perdiendo con él tiempo. Para él todo era nuevo y todo era bacán. Él quería conocer más de Manuel Montt y yo quería conocer más de su mundo.

Continuará…

CATÁLOGO DE CITAS #6.0: El día Cero

Estaba en Baquedano esperándolo. Extrañamente llegué unos minutos antes de las 9. Usualmente soy puntual o llego con un elegante atraso de 5 minutos. Llegar antes, tener que esperarlo ahí e intentar divisarlo cuando subiera la escalera del metro igual me tenía un poco nerviosa. La primera cita. El día cero. Será como en las fotos, o será solo fotogénico? En las fotos se veía zorrón y me cargan los zorrones, pero con lo poco que habíamos conversado ya me había sacado ese prejuicio. Cómo será su perfume? No alcancé a hacerme más preguntas cuando lo vi subiendo las escaleras. Resultó ser igual de guapo. Me dijo que yo era más alta de lo que él pensaba. Quizás el venía haciéndose las mismas preguntas que yo.

Lo bonito de salir con alguien cuando apenas te conoces es justamente eso. Tienes todo para preguntar, conversar y conocer al otro. Desde lo que hizo ese día más temprano, hasta cuál era su grupo favorito cuando iba en el colegio, pasando por mil y un temas profundos y banales.

Comenzamos a caminar por Bellavista, el plan para la noche era ir a ver un show de Stand Up Comedy donde distintos comediantes iban a probar material nuevo. Él nunca había ido a un show de Stand Up y justamente eso quería: hacer cosas que no había hecho antes, conocer esa bohemia santiaguina de la que tanto había escuchado. El panorama fue claramente idea mía, que si bien hace tiempo no iba a un show, a la mitad de los comediantes que se presentaban los había visto alguna vez. Me sentía cómoda, en terreno familiar. Llegamos temprano al bar, cosa buena para poder conversar harto antes de que comenzara el show, para enterarme de quién era este chico que me acompañaba, más allá de saber su ciudad, su profesión y que tenía 14 tatuajes.

Dentro de las cosas que conversamos apareció el tema de que se iba de Chile en 4 meses más. Algo me había comentado días antes por whatsapp, pero como no pesqué mucho en ese momento, no caché que se iba por tiempo indefinido. Me contaba que tenía muchas ganas de conocer distintos lugares de Santiago antes de irse, y me lo contaba con tanta confianza y confidencia, que ya me hacía sentir parte de ese deseo. Me sentí la persona indicada para mostrarle mis lugares favoritos de Santiago. Nos acabábamos de conocer y ya me sentía su compañera de risas, piscolas y panoramas. Me convirtió en cómplice.

El show estuvo buenísimo y puedo asegurar que lo disfrutó tanto como yo. A ratos yo dejaba de mirar hacia el escenario para fijarme en cómo lo estaba pasando él y su sonrisa me daba a entender que no tenía nada de qué preocuparme, que no pude haber elegido mejor panorama para aquél día cero. Cuando se despidieron los comediantes pedimos la tercera piscola y esta era bien generosa, harto más que las dos anteriores. Nos duró bastante, sin embargo seguimos conversando con los vasos vacíos hasta que llegaron con la cuenta porque estaban cerrando caja. Ups.

En cualquier otra circunstancia hubiese sido momento de pedir un uber o un taxi. Preferimos caminar. Hacía un frío de mierda pero aun así caminar nos parecía la mejor opción, yo no me quería despedir aún. Caminábamos por inercia, conversábamos por placer. El silencio de Santiago un martes por la noche era como un regalo. Parecíamos los únicos en esta gran ciudad. A la altura del Parque de la Aviación se nos sumó un amigo de cuatro patitas y cuellito de lana. Al poco rato ya tenía nombre. No nos dimos ni cuenta cuando ya estábamos en Tobalaba. Seguimos caminando por inercia hasta que llegamos a Alcántara; yo no podía creer que hubiésemos caminado hasta mi casa. Me detuve para avisarle que habíamos llegado a mi hogar, que en ese momento yo me despedía. Me pidió un abrazo. Se lo correspondí y me quedé un instante ahí en su pecho. Probablemente fue más que un  instante. Al despedirnos tomó mis manos y las puso en su cuello, me pidió que lo abrazara de esa forma. Yo me limité a reír ya que me quedaba demasiado alto. Entre risas nerviosas nos dimos un beso y luego entré a mi edificio.

Te encargo el sueño que tenía al día siguiente al despertar.g_santiago_city_tour_by_night1