POR QUÉ ESCRIBO?

Hace tiempo tenía ganas de escribir y me puse a pensar de dónde venían esas ganas, en otras palabras, por qué escribo. La verdad es que esa pregunta tiene varias respuestas que han ido mutando en el tiempo. Empecé a escribir como desahogo y buscando una identidad. Para mi empezar a escribir significó descubrir una faceta que no tenía idea que existía (soy más matemática que humanista). Y bueno, junto con el blog nació paularaya como nombre, personaje, concepto, alter ego o lo que sea. Y en eso debo agradecerle a varios amigos, que incluso hablan de “paularaya” así tal cual, sin decir LA Paula o LA Paula Araya. Puede parecer algo súper estúpido (en realidad lo es), pero para mí significó el comienzo de una nueva etapa en la que empecé a sentirme mejor conmigo misma y aceptarme tal como soy.

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Mi fiel compañero

Ahora bien, una cosa es escribir y la otra es publicar. Por qué tener un blog, y no un diario de vida? En el colegio me enseñaron que la comunicación se lograba con un receptor. Me di cuenta que además de desahogarme, tenía una opinión que quería compartir con el mundo. Y tal fue mi sorpresa cuando me di cuenta que lo que hacía le gustaba a un pequeño grupo de gente, que por muy pocas personas que fueran, eso ya era un estímulo para seguir escribiendo. Más bonito aún fue cuando ese pequeño grupo creció y ya no eran solo amigos y conocidos míos, sino también otros blogueros y blogueras. Eso a la larga termina siendo un círculo virtuoso, porque inevitablemente uno empieza a leer y seguir otros blogs, y una lectura agradable siempre se agradece.

Ya con el bichito de la escritura dentro de mí, empecé a probar otros estilos como cuentos y poemas, y aunque sigo pensando que los poemas no son mi fuerte, me gusta eso de no quedarme en la zona de confort y simplemente probar otros tipos de comunicación, aun cuando el resultado no sea el mejor. A veces siento que me pasan cosas tan bacanes que realmente quiero compartirlas y contárselas al mundo; otras veces quiero compartir mi opinión para saber si soy la única que piensa de tal forma o no (generalmente me doy cuenta que no soy la única y eso se siente muy bien).

Hoy una compañera de práctica me dijo que se cagó de la risa leyendo el blog. Con ese simple comentario me hizo la mañana y decidí que hoy publicaba sí o sí. Mi día al final tuvo muchos altibajos pero no quería postergarlo más. En el fondo escribir en sí me hace bien, me relaja, es una entretenida forma de sacar la vuelta y de sacar las malas vibras. Y por otro lado recibir buenas críticas me pone muy feliz.

Y tu…(si es que escribes), por qué escribes?

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MIS MUSOS

Maldita sociedad machista, existe la palabra musa pero no la palabra muso: “En la mitología griega las musas eran las diosas inspiradoras de la música y, según las nociones posteriores, divinidades que presidían los diferentes tipos de poesía, así como las artes y las ciencias”. Así define Wikipedia a las musas. Diosas, mujeres, femenino. Obvio. Porque los que escribían eran hombres. Pero yo soy mujer y tengo un muso. En realidad tengo más de uno. Pero puta que es fea la palabra muso. Es más, ni si quiera existe. ¿Cómo defino entonces, a aquellos hombres que me motivan a escribir?

Ellos me hablan por chat pero también me miran a los ojos.
Ellos conversan desde los temas más burdos hasta los temas más complejos.
Ellos leen a autores que yo no conocía, porque obvio, ellos leen.
Ellos son libres y su libertad es fascinante.
Ellos me hacen reír y me hacen pensar y eso es lo más rico de todo.
Que rico es un hombre desafiante.
Que rico es embriagarse con cada conversación.

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Pensé en escribir sobre lo que hablamos anoche,
o el otro día, o lo que hablaremos mañana.
Pero me dio vergüenza.
No quiero que sepan que son mis musos.
Pensé en escribir sobre lo que hablamos anoche
y escrito está.
Pero me dio vergüenza publicarlo.
No quiero que sepan que son mis musos.
No quiero que dejen de serlo.