ANDAR EN PELOTA

“Hay cachado lo rico que es andar en pelota?” Me pilló por sorpresa la pregunta, pero rico po, me encanta que me sorprendan. Me reí y dije que sí, fue lo primero que se me ocurrió. “Es extrañamente cómodo, es que no estamos acostumbrados, (…) pero es tan íntimo y liberador, que eso lo hace rico.”

Me quedé pensando en el tema y sí, me parece rico, pero no lo suficiente. A veces es necesario sentir algo que me aprieta un poquito en la espalda o en los hombros. Me gusta que mis pechugas se mantengan en su lugar, dibujando un bonito escote; como si fueran inmunes a la gravedad que empieza a pesar con los años. Andando en pelota eso claramente no pasa, andan libres por la vida y caen un poquito. Tampoco es tan terrible, al menos no a mis 23 años. Creo que ese es mi subconsciente recordándome que no quiero tener las pechugas por el ombligo cuando sea vieja.

Sentirse bien andando en pelota es sentirse tremendamente bien con uno mismo, sentirse tranquilo, no sentir vergüenza de nuestro propio cuerpo. Y eso me pone a pensar, que aún hay gente que sólo tira con la luz apagada y debajo de las sábanas. Qué es esa wea! Dónde queda el sentirse rica? Que te hagan sentir la mujer más deseable del mundo y viceversa? Porque aquí la cosa corre pa los dos lados, no podemos quedarnos atrás y sólo dejarnos querer. Tirar con la luz apagada me parece triste, una falta de respeto hacia uno mismo. Un típico error de algunas mujeres es pensar que nos van a andar mirando los rollos, cuando en realidad, al sacarnos la polera los ojos de ellos sólo se concentrarán en un spot. O en dos. No me incluyo en ese saco, porque pese a tener un rollito escondido, una costilla salida y más cintura a un lado que al otro, la única vez que fui a un motel me vi rodeada de espejos y me sentí más rica que nunca.

Y tú? Hay cachado lo rico que es andar en pelota?

 

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Scopophilia, Nan Golding, 2011

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CARTA ABIERTA A MI AMOR PLATÓNICO

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Querido amor platónico,

primero que todo, quiero pedirte disculpas. El término amor platónico lo manoseé muchas veces sin entender el verdadero significado del concepto. Cuando era más niña pensaba que el amor sólo se daba en la reciprocidad y lo que no era mutuo era simplemente un capricho. Si alguien era muy inalcanzable y me parecía muy atractivo, se convertía en un amor platónico. Hoy creo que ese alguien solo tiene lo platónico por lo inalcanzable que era, pero le faltaba la componente del amor.

Hoy te veo a ti y la única forma de explicarme (o explicarte) lo que sentí es pensarte como mi amor platónico, ese amor imposible que se mira pero no se toca. Porque lo que llegué a sentir fue amor, pero amor del bueno. Sé que puedo vivir sin ti y no te dedicaría canciones cebollas. Mi mundo sigue teniendo sentido ahora que no hablamos a diario y me levanto cada mañana pensando en que hoy puede ser un gran día. Ese amor del bueno se traduce en todo lo que crecí contigo, en que nunca pensé que podías sacar tantas cosas buenas de mí (y te lo agradezco enormemente). Hasta ahora cualquiera pensaría que le estoy escribiendo una carta abierta a mi ex, pero entre nosotros no hubo besos, ni tomadas de mano ni promesas al mirar una puesta de sol abrazados. Aún así hubo mucho.

Alguna vez escuché a una niña de Schönstatt decir que La Mater le había enseñado a tocar guitarra. En ese momento lo encontré de un fanatismo tremendo y algo difícil de entender. Fue hace poco cuando le encontré sentido, cuando me di cuenta que tú me habías enseñado a escribir poemas. No hubo una clase de por medio, no hubo reglas de estrofas o figuras literarias, simplemente había un anhelo de comunicarme contigo de todas las formas posibles. Y no considero que sea mi fuerte, pero es algo que nunca imaginé de mí y debo reconocer que me gusta. La lírica es sólo un ejemplo, contigo aprendí mucho, incluso a quererme más.

Amor del bueno fue lo que sentí y siempre quise que sacaras lo mejor de ti. Si en algo ayudé, me alegro mucho. Te conocí como un hombre libre y así te quise. El problema fue que te quise tanto que ya no sabía qué hacer con eso. Te quise tanto y sabía que no era recíproco entonces me pareció que lo más simple era mantenerte engañado, restarte importancia y mirar a los otros peces del vasto mar. Te quise tanto que cuando decidí no quererte no sabía cómo actuar, y actué de la peor forma posible: disparando odio y haciendo daño. Sé que me odiaste por eso, sé que actué mal y te pido disculpas (aunque no las quieras).

Querido amor platónico, hoy te vi cuando entraste al salón y se me aceleró el pulso. Me puse nerviosa porque no quería que me notaras, no quería que notarás que te había notado al entrar y no quería que notaras lo nerviosa que estaba intentando parecer calmada y pasar desapercibida. Quizás igual lo notaste.

Querido amor platónico, te confieso que no sé cómo terminar esta carta. Los puntos finales nunca han sido mi especialidad….

MIS MUSOS

Maldita sociedad machista, existe la palabra musa pero no la palabra muso: “En la mitología griega las musas eran las diosas inspiradoras de la música y, según las nociones posteriores, divinidades que presidían los diferentes tipos de poesía, así como las artes y las ciencias”. Así define Wikipedia a las musas. Diosas, mujeres, femenino. Obvio. Porque los que escribían eran hombres. Pero yo soy mujer y tengo un muso. En realidad tengo más de uno. Pero puta que es fea la palabra muso. Es más, ni si quiera existe. ¿Cómo defino entonces, a aquellos hombres que me motivan a escribir?

Ellos me hablan por chat pero también me miran a los ojos.
Ellos conversan desde los temas más burdos hasta los temas más complejos.
Ellos leen a autores que yo no conocía, porque obvio, ellos leen.
Ellos son libres y su libertad es fascinante.
Ellos me hacen reír y me hacen pensar y eso es lo más rico de todo.
Que rico es un hombre desafiante.
Que rico es embriagarse con cada conversación.

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Pensé en escribir sobre lo que hablamos anoche,
o el otro día, o lo que hablaremos mañana.
Pero me dio vergüenza.
No quiero que sepan que son mis musos.
Pensé en escribir sobre lo que hablamos anoche
y escrito está.
Pero me dio vergüenza publicarlo.
No quiero que sepan que son mis musos.
No quiero que dejen de serlo.