PERMITIDO REBOBINAR [cuento]

Él había vuelto de su viaje empapándose de la magia del sur. Se extrañaban. Se extrañaban como dos amigos que acostumbran hablar a diario. Como esos amigos donde el tu casa es mi casa aplica de verdad. El amigo que le prepara limonadas cuando ella está enferma con su peor caracho. La amiga que sabe que el café le gusta sin azúcar y con un dedo de agua fría. Él la pasó a buscar y, a pesar de la incomodidad de un auto,  inmediatamente se dieron un abrazo de oso, chocando los codos con el manubrio y los asientos.

Caminaron, comieron algo e incluso decidieron pasar de sorpresa donde un amigo en común, el primer amigo en común que habían tenido, aquél que los había presentado hace años. Los tres se pusieron al día; hablaban con toda confianza acerca de potos, tetas, amores platónicos, fracasos de conquista en el viaje, etc. Ella estaba cansada. Él lo notó y la abrazó para que ella apoyara su cabeza en su pecho. El dueño de casa, que conocía bastante a ambos, vio la situación con naturalidad pero no pudo evitar decirles que se veían tiernos juntos. Con ese comentario los tres rieron, aunque la risa de cada uno era diferente: sinceridad, nervios, negación, de todo un poco. Cambiaron rápidamente de tema y volvieron a conversar sobre el viaje.

hit-and-run-M-00243_rgbSe hacía tarde así que se despidieron y terminaron aquella visita que prometía ser express y no lo fue. No hacía frío, pero instintivamente corrieron al auto. Sin decir mucho emprendieron rumbo a la casa de ella. Ya estacionados fuera de su casa, al momento de despedirse, él, que venía todo el camino con una lucha moral interna, dejó de lado a la voz de la conciencia y llegó y le robó un beso. Ella le correspondió con ganas, como un respiro que venía ahogado en todo el trayecto. De amigos nada; en ese momento, en aquél auto fuera de su casa, eran los mismos amantes que fueron hace cuatro años. Se besaron con pasión, se miraban con complicidad, sonreían y volvían a besarse. Por unos minutos se permitieron rebobinar el tiempo, hasta que ella, con una mezcla entre vergüenza y placer, decidió despedirse, bajarse del auto y entrar a su casa.

20130114102304-pareja-sexo-auto-voyeurismo-exhibicionismo-dogging-fantasias-getty-mujima20130109-0005-31-610x250Esa misma noche, para asegurarse de que no hablarían del tema, él le escribió: “no hay mucho que decir“. “Nopo “, le respondió con relajo ella, mientras sentía aún en sus labios el olor de su perfume. No se habló más del tema. Él durmió pensando en aquella tierna expresión que no había visto hace cuatro años. Ella durmió sonriendo, sentía que lo del auto había sido sacado de una película o de una novela,  nunca se había sentido así de protagonista. 

Días después se volvieron a juntar y tan amigos como siempre. Como esos amigos donde el tu casa es mi casa aplica de verdad. Olvidaron que hace cuatro años él entraba de puntillas y se iba al amanecer. Olvidaron que juntos apretaron el botón de rebobinar. La vida volvió su curso.

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