CATÁLOGO DE CITAS #6.3: Fármacos en La Batuta

Cómo empezar? Lo lógico sería partir por el principio de esta cita, cuando él me estaba esperando en el cambio de andén de Alcántara; pero tal vez es más preciso volver dos días atrás, cuando nos juntamos casualmente en el Apumanque a comer algo.

Yo tenía que ir a retirar un disco en Rosario Norte, así que le comenté durante la tarde que debía ir a sus barrios después de la pega. Cuando él salió de la oficina me escribió para preguntarme dónde estaba. –Sigo acá, ordenando las cosas para irme, por? – le respondí haciéndome un poco la tonta. Él solo atinó a responderme un vago “Aaah”. Diez minutos después, cuando ya iba en el metro, le pregunté: “Por si nos topábamos? No calzan los tiempos”. La verdad es que obvio que quería verlo y obvio que quería que calzaran los tiempos, pero quería guardar un poco de distancia luego de que el fin de semana me cancelara un panorama a última hora sin ninguna excusa aparente. –O sea por si nos juntábamos, más que toparnos. Vamos a comer algo al Apumanque? Tengo demasiada hambre. – Me propuso.

Nos encontramos en el patio de comidas y fue bastante torpe nuestro saludo. Yo justo estaba enviando un audio de whatsapp,  cuando veo que se me acerca y me pone la cara como para que yo le diera un beso en la mejilla. Ni si quiera como un típico saludo mutuo; no, me pone la cara. Como me pilló desprevenida solo atiné a hacer lo que me pedía y lo saludé. Al principio no entendía nada hasta que caché que algo tenía en la comisura derecha del labio. Pensé que podía ser un corte al afeitarse, pero no, luego me explicó que se trataba de un herpes, que cuando le bajan las defensas y anda muy estresado, generalmente le vuelve a brotar el virus. Así que nada de besos, solo nuestras usuales caminatas y un apretado abrazo de despedida. Esa misma noche quedamos en que al día subsiguiente iríamos a ver a Fármacos a La Batuta. Él no conocía la banda, pero confiaba en mi gusto musical.

….

Cuando nos encontramos en el cambio de andén le reclamé que el también podía darme un beso en la mejilla, y que eso no me iba a contagiar nada. Accedió, mientras me daba un cariñoso abrazo. En el metro me dijo que me veía muy bonita; esa fue la primera de varias veces durante la noche. Nos bajamos en Los Leones y tomamos la 104 en Suecia. Le gustaba bromear con que era su primera vez andando en micro. Si bien había andado antes en Transantiago, era su primera vez en una micro de ese color. En el camino le pregunté si había escuchado alguna canción de la banda y me comentó que los había buscado en Spotify y había escuchado la primera. –Creo que se llamaba Lento, asumo que es la más conocida – me dijo. –Esa es linda – respondí yo – es  como para bailar apretaditos, como para que te hagan así en la espalda – le dije mientras le hacía cariño en esa espalda que perfectamente podría ser de nadador, o rugbista.

Nos bajamos en Irarrázaval y empezamos a caminar hacia la Plaza Ñuñoa. Habían sido contadas con una mano las veces que había carreteado por allá, así que no sabía de ningún local piola y no muy caro donde hacer la previa antes de entrar a La Batuta. El HBH estaba completamente descartado porque él no es muy amigo de las cervezas, y al HBH uno no va a tomar piscola, uno va a tomar shop de cerveza artesanal. Seguimos caminando y terminamos piscoleando y comiendo papitas en un local pequeño al lado de Las Lanzas. Hicimos un salud porque no sólo era su primera vez en ese lugar, sino también la mía. Ahí me volvió a decir que me veía muy bonita, y que se le iba a hacer muy difícil no darme un beso. – De todas las veces que hemos salido, hoy es el día que te ves más bonita – afirmó, e incluso armó un ranking de mis looks, que iban ascendiendo conforme avanzaba nuestra Bucketlist. – Yo creo que eso tiene que ver con tu visión subjetiva de mí – le dije pragmática – y ahora que me conoces más, como te caigo tan bien, me encuentras más bonita. – No – replicó con relajo – es simplemente que hoy te ves muy bonita. Sonreí.

Conversamos sobre nuestros amigos, compañeros de trabajo y carretes épicos de esos dignos de Hangover o alguna película de ese estilo. Entre las piscolas y la conversa se nos pasó volando el tiempo y ya era momento de irnos a La Batuta. Lo primero que noté fue que se sorprendió del tamaño del lugar. No tenía ninguna expectativa, pero por la entrada del lugar se imaginó algo mucho más pequeño. Bajamos hacia el sector del escenario y nos quedamos cerca de la escalera. Al rato ya estábamos bailando, o más bien yo bailaba y él se movía un poco. Me miraba la boca, yo lo miraba muy coqueta; él me miraba a los ojos y nos sonreíamos. Me tomaba por la cintura, nos dábamos tiernos besos en el cuello y nos volvíamos a sonreír. Sabíamos que no podíamos, pero al menos teníamos la certeza y la complicidad de que los dos queríamos.

Empezó el show de Fármacos así que nos acercamos al escenario. Apareció Diego Ridolfi solo junto a su guitarra y entonó Visitarte, una de mis favoritas del Estado de Gracia, su último disco. Le comenté al oído que una de las razones por las que quise aprender a tocar guitarra fue para tocar esa canción. Él me dijo que le gustó mucho, y que iba a tratar de sacarla. Luego de Visitarte apareció el resto de la banda, tocando No dejes que me Calme. Era inevitable decir “¡esta me encanta!”, pero al rato me di cuenta que lo decía cada dos canciones, así que después de un par de canciones dejé de decirlo y solo lo pensaba. Él me abrazaba por la espalda y nos movíamos al ritmo de la música. Miré alrededor y no éramos los únicos; al menos había unas cuatro parejas en las mismas. Es que la música de Fármacos tiene esa calidez; era primera vez que los veía acompañada y se sintió demasiado bien. Canciones como Amor y Porno están hechas para escucharlas de a dos; al igual que Lento, pero cuando la tocaron me giré para abrazarlo y tocarle la espalda haciéndole cariño, como le había dicho más temprano en la micro.

Cuando terminó la tocata me dijo que le gustó mucho y me agradeció la invitación. Yo aproveché de comprar el Estado de Gracia para sumarlo a mi colección de discos chilenos. Me hubiese quedado a esperar a la banda para que me lo firmaran, pero en ese momento no era prioridad. Pidió un uber y me dijo “Vamos a tu casa”.

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CATÁLOGO DE CITAS #6.1: La lista de Deseos

[ ] Lastarria – Bellas Artes

[X] Show de Stand Up Comedy

[ ] Parque Bicentenario en bici

[ ] Santiago centro

[ ] Barrio Italia

[X] Carretear en Manuel Montt

[ ] Tocata de banda chilena

[ ] Cerro Santa Lucía

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– Espera – me dijo – hay algo de esta lista que tú no hayas hecho? Hay algo que tú quieras hacer y que podamos agregar?

Le conté que nunca había ido al Cerro Santa Lucía, pese a haber pasado mil veces por ahí. Le sumamos además subir el San Cristóbal en teleférico. En ese momento llegaron nuestros vasos de sangría. Nos encontrábamos en la terraza de Ramblas, en Manuel Montt. Él estaba fascinado con él lugar; mientras que yo estaba fascinada con la energía que me transmitía.

– Hay otra cosa que tengo que hacer: ver una peli alternativa, algo así como cine arte. – agregó él.

– Algo así como cine europeo de ese que no llega a los cines normales? – pregunté, entendiendo rápidamente hacia dónde iba.

– Sí! Eso! Una peli francesa. Eso quiero ver. (Su entusiasmo llega a ser contagioso)

– Cacha que justo la próxima semana parte un ciclo de cine europeo en Matucana 100. Podríamos ir. De hecho, Matucana100 y Quinta Normal también deberían estar en tu lista.

– Yapo – me dijo convencido.

Agarré mi teléfono para buscar la información en Matucana100 y revisamos las películas y los horarios. Él insistía en que quería ver una francesa y el día viernes daban una pero ese día yo tenía un cumple así que no podía acompañarlo. Le dije que fuera con alguien más y me sorprendió cuando me respondió que no, que las cosas de la lista quería hacerlas conmigo. Hablaba en plural, tenemos que hacerlas juntos, y me acomodaba mucho porque su naturalidad no lo hacía sonar a pareja, sino que lo hacía sonar a equipo. Me gustó sentirme su partner.

– Alcanzaremos a hacer todas estas cosas antes de que me vaya?

– Obvio! Es cosa de que nos organicemos no más, si igual quedan como 3 o 4 meses.

Había que ser realista igual; en esos 3 o 4 meses podían pasar muchas cosas. Podía ser que yo me aburriera de él antes, o que él se aburriera de mí, o que simplemente todo el asunto se diluyera. Incluso podía pasar que nos cayéramos mal, después de todo, nos estábamos conociendo recién. Pero para qué darle tanta vuelta, mejor apostar a ganadora y vivir el día a día.

– Ya, si logramos hacer todas las cosas de la lista, te voy a comprar algo.- soltó.

Quedé super extrañada con eso. Se lo hice saber altiro. No era necesario que me comprara nada, yo no lo hacía por interés; lo hacía porque eran panoramas entretenidos, porque me gustaba Santiago y encontraba bacan poder mostrarle la ciudad; y porque con él, al menos hasta ahora, lo había pasado super bien. Rápidamente cachó que las había cagado y me pidió disculpas, que eligió pésimo las palabras.

– Sorry, si sé que no lo haces por eso; pero si logramos hacer todas las cosas de la lista, te quiero regalar algo. Te quiero hacer un regalo y ya sé qué regalarte.

Y bueno, quien soy yo para negarme. Le dije que bueno y cerramos ese momento con un salud. Al terminar nuestros vasos de sangría en Ramblas, me propuso que fuéramos a otro bar. Me encantaba su entusiasmo y esa capacidad de asombro que la mayoría vamos perdiendo con él tiempo. Para él todo era nuevo y todo era bacán. Él quería conocer más de Manuel Montt y yo quería conocer más de su mundo.

Continuará…

CATÁLOGO DE CITAS #6.0: El día Cero

Estaba en Baquedano esperándolo. Extrañamente llegué unos minutos antes de las 9. Usualmente soy puntual o llego con un elegante atraso de 5 minutos. Llegar antes, tener que esperarlo ahí e intentar divisarlo cuando subiera la escalera del metro igual me tenía un poco nerviosa. La primera cita. El día cero. Será como en las fotos, o será solo fotogénico? En las fotos se veía zorrón y me cargan los zorrones, pero con lo poco que habíamos conversado ya me había sacado ese prejuicio. Cómo será su perfume? No alcancé a hacerme más preguntas cuando lo vi subiendo las escaleras. Resultó ser igual de guapo. Me dijo que yo era más alta de lo que él pensaba. Quizás el venía haciéndose las mismas preguntas que yo.

Lo bonito de salir con alguien cuando apenas te conoces es justamente eso. Tienes todo para preguntar, conversar y conocer al otro. Desde lo que hizo ese día más temprano, hasta cuál era su grupo favorito cuando iba en el colegio, pasando por mil y un temas profundos y banales.

Comenzamos a caminar por Bellavista, el plan para la noche era ir a ver un show de Stand Up Comedy donde distintos comediantes iban a probar material nuevo. Él nunca había ido a un show de Stand Up y justamente eso quería: hacer cosas que no había hecho antes, conocer esa bohemia santiaguina de la que tanto había escuchado. El panorama fue claramente idea mía, que si bien hace tiempo no iba a un show, a la mitad de los comediantes que se presentaban los había visto alguna vez. Me sentía cómoda, en terreno familiar. Llegamos temprano al bar, cosa buena para poder conversar harto antes de que comenzara el show, para enterarme de quién era este chico que me acompañaba, más allá de saber su ciudad, su profesión y que tenía 14 tatuajes.

Dentro de las cosas que conversamos apareció el tema de que se iba de Chile en 4 meses más. Algo me había comentado días antes por whatsapp, pero como no pesqué mucho en ese momento, no caché que se iba por tiempo indefinido. Me contaba que tenía muchas ganas de conocer distintos lugares de Santiago antes de irse, y me lo contaba con tanta confianza y confidencia, que ya me hacía sentir parte de ese deseo. Me sentí la persona indicada para mostrarle mis lugares favoritos de Santiago. Nos acabábamos de conocer y ya me sentía su compañera de risas, piscolas y panoramas. Me convirtió en cómplice.

El show estuvo buenísimo y puedo asegurar que lo disfrutó tanto como yo. A ratos yo dejaba de mirar hacia el escenario para fijarme en cómo lo estaba pasando él y su sonrisa me daba a entender que no tenía nada de qué preocuparme, que no pude haber elegido mejor panorama para aquél día cero. Cuando se despidieron los comediantes pedimos la tercera piscola y esta era bien generosa, harto más que las dos anteriores. Nos duró bastante, sin embargo seguimos conversando con los vasos vacíos hasta que llegaron con la cuenta porque estaban cerrando caja. Ups.

En cualquier otra circunstancia hubiese sido momento de pedir un uber o un taxi. Preferimos caminar. Hacía un frío de mierda pero aun así caminar nos parecía la mejor opción, yo no me quería despedir aún. Caminábamos por inercia, conversábamos por placer. El silencio de Santiago un martes por la noche era como un regalo. Parecíamos los únicos en esta gran ciudad. A la altura del Parque de la Aviación se nos sumó un amigo de cuatro patitas y cuellito de lana. Al poco rato ya tenía nombre. No nos dimos ni cuenta cuando ya estábamos en Tobalaba. Seguimos caminando por inercia hasta que llegamos a Alcántara; yo no podía creer que hubiésemos caminado hasta mi casa. Me detuve para avisarle que habíamos llegado a mi hogar, que en ese momento yo me despedía. Me pidió un abrazo. Se lo correspondí y me quedé un instante ahí en su pecho. Probablemente fue más que un  instante. Al despedirnos tomó mis manos y las puso en su cuello, me pidió que lo abrazara de esa forma. Yo me limité a reír ya que me quedaba demasiado alto. Entre risas nerviosas nos dimos un beso y luego entré a mi edificio.

Te encargo el sueño que tenía al día siguiente al despertar.g_santiago_city_tour_by_night1