Inception 2.0

– Relajada, acostada, conversando contigo.

Así estaba. Yo en mi casa, él en la suya. Yo agotada después de un maratónico lunes que se sintió de 48 hrs. Él con su vaporizador y una copa de vino. No podía verlo pero podía visualizar esa escena. Vino tinto. Puedo imaginar una luz tenue en tonos rojizos también.

– Por un momento pensé que era real, jaja. – me escribe.

-Qué cosa era real? – pregunto curiosa.

-Real lo que decías.

– Y no lo es? Jaja – vuelvo a preguntar.

-Jaja, me refería a real, no virtual. La frase que dijiste tú. “Relajada, acostada, conversando contigo”.

-Ah! Comprendo.

Mientras yo lo imaginaba sentado con su copa en la mano y el celular en la otra; él me imaginaba ahí, frente a él, acostada conversando. Inmediatamente me imaginé en su casa, acostada apoyada en una almohada, conversando mirándolo a los ojos y no a la  pantalla de mi celular. Fue como un Inception. No me puedo sacar esa imagen de la cabeza. Probablemente no me pueda sacar esa imagen hasta que sea real. Real, no virtual.

Spinning-Top-Inception

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CATÁLOGO DE CITAS #6.1: La lista de Deseos

[ ] Lastarria – Bellas Artes

[X] Show de Stand Up Comedy

[ ] Parque Bicentenario en bici

[ ] Santiago centro

[ ] Barrio Italia

[X] Carretear en Manuel Montt

[ ] Tocata de banda chilena

[ ] Cerro Santa Lucía

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– Espera – me dijo – hay algo de esta lista que tú no hayas hecho? Hay algo que tú quieras hacer y que podamos agregar?

Le conté que nunca había ido al Cerro Santa Lucía, pese a haber pasado mil veces por ahí. Le sumamos además subir el San Cristóbal en teleférico. En ese momento llegaron nuestros vasos de sangría. Nos encontrábamos en la terraza de Ramblas, en Manuel Montt. Él estaba fascinado con él lugar; mientras que yo estaba fascinada con la energía que me transmitía.

– Hay otra cosa que tengo que hacer: ver una peli alternativa, algo así como cine arte. – agregó él.

– Algo así como cine europeo de ese que no llega a los cines normales? – pregunté, entendiendo rápidamente hacia dónde iba.

– Sí! Eso! Una peli francesa. Eso quiero ver. (Su entusiasmo llega a ser contagioso)

– Cacha que justo la próxima semana parte un ciclo de cine europeo en Matucana 100. Podríamos ir. De hecho, Matucana100 y Quinta Normal también deberían estar en tu lista.

– Yapo – me dijo convencido.

Agarré mi teléfono para buscar la información en Matucana100 y revisamos las películas y los horarios. Él insistía en que quería ver una francesa y el día viernes daban una pero ese día yo tenía un cumple así que no podía acompañarlo. Le dije que fuera con alguien más y me sorprendió cuando me respondió que no, que las cosas de la lista quería hacerlas conmigo. Hablaba en plural, tenemos que hacerlas juntos, y me acomodaba mucho porque su naturalidad no lo hacía sonar a pareja, sino que lo hacía sonar a equipo. Me gustó sentirme su partner.

– Alcanzaremos a hacer todas estas cosas antes de que me vaya?

– Obvio! Es cosa de que nos organicemos no más, si igual quedan como 3 o 4 meses.

Había que ser realista igual; en esos 3 o 4 meses podían pasar muchas cosas. Podía ser que yo me aburriera de él antes, o que él se aburriera de mí, o que simplemente todo el asunto se diluyera. Incluso podía pasar que nos cayéramos mal, después de todo, nos estábamos conociendo recién. Pero para qué darle tanta vuelta, mejor apostar a ganadora y vivir el día a día.

– Ya, si logramos hacer todas las cosas de la lista, te voy a comprar algo.- soltó.

Quedé super extrañada con eso. Se lo hice saber altiro. No era necesario que me comprara nada, yo no lo hacía por interés; lo hacía porque eran panoramas entretenidos, porque me gustaba Santiago y encontraba bacan poder mostrarle la ciudad; y porque con él, al menos hasta ahora, lo había pasado super bien. Rápidamente cachó que las había cagado y me pidió disculpas, que eligió pésimo las palabras.

– Sorry, si sé que no lo haces por eso; pero si logramos hacer todas las cosas de la lista, te quiero regalar algo. Te quiero hacer un regalo y ya sé qué regalarte.

Y bueno, quien soy yo para negarme. Le dije que bueno y cerramos ese momento con un salud. Al terminar nuestros vasos de sangría en Ramblas, me propuso que fuéramos a otro bar. Me encantaba su entusiasmo y esa capacidad de asombro que la mayoría vamos perdiendo con él tiempo. Para él todo era nuevo y todo era bacán. Él quería conocer más de Manuel Montt y yo quería conocer más de su mundo.

Continuará…

CARTA ABIERTA A MI AMOR PLATÓNICO

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Querido amor platónico,

primero que todo, quiero pedirte disculpas. El término amor platónico lo manoseé muchas veces sin entender el verdadero significado del concepto. Cuando era más niña pensaba que el amor sólo se daba en la reciprocidad y lo que no era mutuo era simplemente un capricho. Si alguien era muy inalcanzable y me parecía muy atractivo, se convertía en un amor platónico. Hoy creo que ese alguien solo tiene lo platónico por lo inalcanzable que era, pero le faltaba la componente del amor.

Hoy te veo a ti y la única forma de explicarme (o explicarte) lo que sentí es pensarte como mi amor platónico, ese amor imposible que se mira pero no se toca. Porque lo que llegué a sentir fue amor, pero amor del bueno. Sé que puedo vivir sin ti y no te dedicaría canciones cebollas. Mi mundo sigue teniendo sentido ahora que no hablamos a diario y me levanto cada mañana pensando en que hoy puede ser un gran día. Ese amor del bueno se traduce en todo lo que crecí contigo, en que nunca pensé que podías sacar tantas cosas buenas de mí (y te lo agradezco enormemente). Hasta ahora cualquiera pensaría que le estoy escribiendo una carta abierta a mi ex, pero entre nosotros no hubo besos, ni tomadas de mano ni promesas al mirar una puesta de sol abrazados. Aún así hubo mucho.

Alguna vez escuché a una niña de Schönstatt decir que La Mater le había enseñado a tocar guitarra. En ese momento lo encontré de un fanatismo tremendo y algo difícil de entender. Fue hace poco cuando le encontré sentido, cuando me di cuenta que tú me habías enseñado a escribir poemas. No hubo una clase de por medio, no hubo reglas de estrofas o figuras literarias, simplemente había un anhelo de comunicarme contigo de todas las formas posibles. Y no considero que sea mi fuerte, pero es algo que nunca imaginé de mí y debo reconocer que me gusta. La lírica es sólo un ejemplo, contigo aprendí mucho, incluso a quererme más.

Amor del bueno fue lo que sentí y siempre quise que sacaras lo mejor de ti. Si en algo ayudé, me alegro mucho. Te conocí como un hombre libre y así te quise. El problema fue que te quise tanto que ya no sabía qué hacer con eso. Te quise tanto y sabía que no era recíproco entonces me pareció que lo más simple era mantenerte engañado, restarte importancia y mirar a los otros peces del vasto mar. Te quise tanto que cuando decidí no quererte no sabía cómo actuar, y actué de la peor forma posible: disparando odio y haciendo daño. Sé que me odiaste por eso, sé que actué mal y te pido disculpas (aunque no las quieras).

Querido amor platónico, hoy te vi cuando entraste al salón y se me aceleró el pulso. Me puse nerviosa porque no quería que me notaras, no quería que notarás que te había notado al entrar y no quería que notaras lo nerviosa que estaba intentando parecer calmada y pasar desapercibida. Quizás igual lo notaste.

Querido amor platónico, te confieso que no sé cómo terminar esta carta. Los puntos finales nunca han sido mi especialidad….